litchi yogananda

Árbol Litchi en la India, sobre el que se cuenta que Yogananda daba clases al aire libre.

Un viaje cultural

Nuestro viaje a la India tenía muchas expectativas. Volvíamos después de tres años. Por fin nos acompañaba Sergio. Como todo en la vida, surgía sin hacer nada, solo teníamos que escuchar a nuestro Interno y que mejor sitio que en Sri Ramanasramam, y se nos indicaba amablemente dónde debíamos ir.

Una de esas veces nos dirigimos, sin mucho interés, por hacer turismo, a la Sociedad Teosófica en Madrás. Según entramos, nuestro Ego desapareció y comprendimos porqué fuimos llevados a tan impresionante sitio. Un lugar donde grandes Maestros vivieron. Todo se paró, nos envolvió la magia del lugar y de los que no veíamos (dimensión astral), pero que nos dieron la bienvenida.

El entorno se volvió celestial, sus paredes blancas, los sonidos eran naturales y diferenciados a los oídos como nunca. Los pajaros, el aire, el movimiento de las hojas de los árboles y las plantas, todos en un orden que extasiaba nuestras almas. y como en ese paraíso, del que hablan las religiones, nosotros lo encontramos, sentados en circulo con un señor que nos recibió y que nos acogió de corazón.

Nos informó de la historia de la Sociedad y poco a poco empezamos a ser uno con el entorno. Surgió la meditacion consciente y todo se veía: el amor, las enseñanzas, los Maestros que vivieron allí, que para algunos del grupo les fue regalado el poder verles en la dimensión astral. A veces, como nos acompañaban y nos observaban con curiosidad, lo que más llamó la atención fue que aunque nuestro anfitrión solo hablaba inglés, y la mayoría del grupo no, nos entendimos con el corazón y éste no tiene idioma que se pueda estudiar. Se entiende escuchándole, sin interferencias.

Pudimos pasear por un verdadero oasis, que eran los jardines por donde paseaban los que allí vivían, o vivieron. Teníamos la sensación de que nos deslizábamos en vez de andar. El bullicio y el caos que asisten fuera de allí no existían. La sensación que experimentamos es que nosotros éramos meros espectadores y que todo se nos mostraba. Y nosotros no nos movíamos. Solo éramos espectadores de ese regalo que se nos hizo.

Lo último fue mirar al cielo que nos protegía y someterse a tanta grandeza.

 

Un saludo M. Blavatsky, Krisnahmurti y tantos maestros que por allí pasaron.

 

 

Arupa
(MADRID)