Flor de los mill petalos

La Flor de los mil pétalos es el símbolo del chackra Simbolo de la Sahasrara

Amplitud

¿Qué ocurre cuando todo está bien, cuando los integrantes de un seminario de Yoga están en conexión, cuando estos practicantes están tocados por el maestro, el entorno, la energía del mundo, o simplemente vuelven a ser como nuestros ancestros mas elevados?. Que están en nosotros, en nuestro yo interno, a nuestro lado.

Sí, a nuestro lado, en el mundo Akásico, sólo visitado por nosotros cuando nuestras ataduras educacionales desaparecen y somos integrantes de lugares sin fin, con luz de amor, con valles de ríos sagrados y caminos hacia Dios; visitando los jardines de los maestros llenos de flores que nos recuerdan que el mundo es así de precioso, y en sus estanques quedan purificadas sus aguas, pues son las lágrimas de todos nosotros los que pensábamos que todo gira entorno a nosotros, estando atrapados por el Ego que nos ciega, y dándonos cuenta del fallo tan grande cometido hacia los demás y hacia nosotros mismos.

Caemos hasta postrarnos pidiendo perdón a la vida que nos rodea. Y el maestro nos recibe con su bendición, poniendo su mano en nuestra cabeza en señal de aceptación. Quedamos así preparados para que, en cualquier momento propicio, los seres de luz que nos acompañan nos permitan hablar desde el corazón; sin pensamientos que perturben lo que vamos a decir, y siendo un grupo de practicantes de yoga hermanos, nunca mejor dicho, del alma.

Recibimos la confianza de los que, aun no conociéndonos físicamente, sí sienten que tenemos mucho que dar, y sobre todo porque estamos obligados pues lo que recibimos no nos lo podemos quedar sin darlo a los demás.

No sabemos nada y nada es nuestro, todo se nos enseña. Todo se nos deja para cada momento. Tendremos las palabras necesarias que tenemos que decir, solo tenemos que escuchar con el corazón, y además hablar con el corazón. Eso es lo que damos, ni más ni menos: el escuchar al otro, mirarle a los ojos, darle las manos.

Y cuando el corazón se expande, de manera que tú dejas de sentir sus latidos, toda la pena o tristeza que permanezca en el otro entra en ti y se convierte en alegría. Pues es tal la amplitud que existe en ese momento que todo mal se diluye en un instante. Aparece entonces el Triángulo dorado encima de nuestras cabezas; ese gran amigo que viene a veces a poner paz y energía en nuestras meditaciones.

Sentir y expresar.

A Carmen.

Arupa
(MADRID)